viernes, 11 de diciembre de 2015

INAGURACION DEL CINE CALLAO


Tal día como hoy, un 11 de Diciembre de 1926, era inaugurado el cine Callao, una de las salas de cine más representativas e históricas de la cartelera madrileña.

El Cine Callao es un edificio ubicado en la madrileña plaza del Callao, primera obra del arquitecto Luis Gutiérrez Soto, que la construye en el año 1926. Se encuentra junto al edificio Carrión, separado del mismo por la calle Jacometrezo. El edificio fue inaugurado como sala de cine el 11 de diciembre de 1926 emitiendo la película Luis Candelas, el bandido de Madrid.


El edificio presenta tendencias academicistas con cierto regusto neobarroco español y en su decoración interior sugerencias vienesas y art decó. Inicialmente poseía un aforo para mil quinientas personas. Su terraza está diseñada para emitir sesiones cinematográficas al aire libre. El sótano del edificio se pensó para alojar un Café o Cabaret, aunque posteriormente se adaptó a la antigua discoteca Xenón.

Actualmente dos grandes pantallas digitales ocultan elementos de sus fachadas, como tres grandes ventanales y unos óculos. También han desaparecido algunas esculturas y otros elementos decorativos originales, que pueden verse en fotografías antiguas.

Su esquina está coronada por un torreón a modo de faro.

Decoración Policromada de su fachada


The Jazz Singer (El cantante de jazz o El cantor de jazz) fue el primer largometraje comercial con sonido sincronizado. Fue dirigida por Alan Crosland y estrenada el 4 de febrero de 1927.
En España se representó en el Cine Callao, de Madrid, el 13 de junio de 1929.




martes, 8 de diciembre de 2015

TASCAS DE MADRID


Símbolo de un pasado que perdura, en la capital de España aún se pueden encontrar las famosas y antiquísimas tascas, las tabernas madrileñas donde sirven tapas acompañadas de un vino, un vermú o una cerveza. Quedan muy pocas, apenas una docena, pero sirven para dar testimonio de una cultura y la idiosincrasia de lo que entonces se conocía como la Villa y Corte de Madrid

La mayoría de las tascas que quedan tienen una antigüedad de 100 y hasta 150 años y se caracterizan por sus mostradores de madera labrada, sus anaqueles con botellas, los azulejos en las paredes y sus mesitas redondas de madera de nogal con taburetes y bancos corridos. Y en la entrada, los cristales grabados al ácido y los rótulos pintados tras el cristal, con el nombre del dueño, los platos y el número de la calle. 

He aquí dos imperdibles tascas del antiguo Madrid 'Casa Labra' y 'La Casa del Abuelo' que aún mantienen viva la tradición.


Casa Labra

Calle Tetuán, 12

Muy cerca de la Puerta del Sol, en pleno centro de la capital española, se encuentra una de las tabernas más emblemáticas del viejo Madrid. Fundada en 1860, supera ya los 150 años y ahí sigue, alegrando la vida a todo aquel que se acerca hasta su puerta, con un ambiente jubiloso y desenfadado que prácticamente no ha cambiado desde el siglo XIX. Además de servir en la barra raciones del mejor queso manchego y jamón ibérico de bellota, entre otras propuestas, Casa Labra posee un coqueto comedor en el que se pueden degustar delicias como los callos a la madrileña y el bacalao preparado de muchas formas: con tomate, a la vizcaína, al pil-pil o en salsa verde. Además, disponen de una cuidada selección de vinos para acompañar platos tan apetitosos y sugerentes.


La Casa del Abuelo 

Calle Victoria, 12

Desde 1906, la taberna La Casa del Abuelo está situada a muy poca distancia de la calle Bailén y del Parque del Retiro. Cuatro generaciones más tarde, el local sigue impertérrito al paso del tiempo, como orgullosamente anclado a un pasado que no desea "ni pretende"abandonar. En la década de 1940 comenzaron a servir sus gambas a la plancha y, poco después, también preparadas al ajillo. Platos con lo que ganaron fama y atrajeron la atención de políticos, actores y grandes escritores de la época. Poco después, Patricio Ruiz, el propietario de entonces, comenzó a elaborar su propio vino dulce para acompañar las gambas. En la actualidad, la tasca La Casa del Abuelo cuenta con dos sucursales, pero el local de la calle Victoria sigue siendo el más popular y el preferido para el aperitivo, quizás por ser el más auténtico, y por su apego y respeto a la tradición. Aparte de las fresquísimas gambas, en la carta de La Casa del Abuelo podrán encontrar el famoso cocido madrileño, las croquetas de jamón ibérico, los calamares a la andaluza, el pulpo a la gallega, el bacalao a la riojana o la paella de marisco, entre otros sabrosos platos.


La Fontana de Oro fue una fonda y luego café que existió desde finales del siglo XVIII en Madrid. Se encontraba situada en la esquina de la carrera de San Jerónimo con la Victoria. Fue inmortalizada literariamente por Benito Pérez Galdós en su novela de igual título (La Fontana de Oro). El café fue lugar de reunión de la España liberal y tribuna de oradores durante el Trienio Liberal.

Al parecer, mediado el siglo XVIII sólo había tres grandes fondas en Madrid, La Cruz de Malta, la Fonda de San Sebastián y esta Fontana de Oro, que poco antes figuraba como Posada de Caballeros, regida por un veronés, de nombre Giuseppe Barbazan. Durante Trienio Liberal, la Fontana se convirtió en uno de los púlpitos progresistas, quedando noticia de la presencia en ella de grandes oradores como Antonio Alcalá Galiano. Así la describe Benito Pérez Galdós en su primera novela publicada, y titulada con el mismo nombre del histórico establecimiento. Con la llegada a Madrid el 24 de mayo de 1823 de los Cien Mil Hijos de San Luis en socorro de Fernando VII, la ejecución pública de Riego, líder liberal y defensor de la Constitución, la sangrienta masacre que lo acompañó y la huida de Alcalá Galiano fuera del país, la Fontana volvió a su función de fonda para viajeros.

Escenario galdosianoEditar

Emprendiendo la escritura de la fue su primera novela publicada, Galdós, al inicio del capítulo II, la dibujó así:

En la Fontana es preciso demarcar dos recintos, dos hemisferios: el correspondiente al café y el correspondiente a la política. En el primer recinto había unas cuantas mesas destinadas al servicio. Más al fondo, y formando un ángulo, estaba el local en que se celebraban las sesiones. Al principio, el orador se ponía en pie sobre una mesa, y hablaba; después, el dueño del café se vió en la necesidad de construir una tribuna... Por último, se determinó que las sesiones fueran secretas, y entonces se trasladó el club al piso principal. Los que abajo hacían el gasto, tomando café o chocolate, sentían en los momentos agitados de la polémica un estruendo espantoso en las regiones superiores..., temiendo que se les viniera encima el techo, con toda la mole patriótica que sustentaba...

La Fontana de Oro, Benito Pérez Galdós


BODEGA LA ARDOSA

Una taberna (con perdón) sale al paso, y detendría al menos aficionado, si no fuera por otras tres o cuatro que se disputan con ella el surtido de la calle; pero cuenta que la que hablamos es taberna filosófica, con dos puertas como el templo de Jano, la una de paz, la otra de guerra; una pública y ostensible, otra disfrazada en un portal... ¡y qué portal!... portal-passage que comunica con una calle principal y con una oficina, y luego por la parte de arriba huéspedes, y qué sé yo cuántas cosas. ¡Feliz situación de establecimiento! 

Si es o no invención moderna
vive Dios que no lo sé! 
pero delicada fue 
la invención de esta taberna.» 

A finales del siglo XV, la presencia de tabernas, mesones y bodegas dieron un aspecto muy significativo al comercio de la ciudad de Madrid. En 1417 aparece el Mesón de Arias en el arrabal de San Ginés; unos decenios después, el célebre de la Carriaza en su límite occidental. Durante este siglo hay constancia de otros mesones en los arrabales, lo que muestra la influencia de las calles- caminos. 

Hay indicios para creer que, como lugar rodeado de zonas productoras de vino, Madrid contaba con muchas tiendas para su expedición, aunque la primera nómina bastante completa pertenece a los fines del siglo XV. Lo que prueba que los comerciantes de vino o mejor llamados regatones , sean los más aludidos y perseguidos y que entre las mas viejas ordenanzas estén las de taberneros, en 1476. 

Pedro de Melgar, Pedro de Mena y su parienta María, Juan de Andújar, Pedro de Vega, Juan de Columbres y Toribia Sánchez eran hacia la mitad del reinado de los Reyes Católicos algunos de ilustres taberneros de la Villa de Madrid. El concejo velaba con disciplina prusiana sobre la venta del vino. “Solo se podía vender vino de los propios madrileños". En 1495 acordaron que "persona alguna desta Villa ni de sus arravales no meta ni pueda meter vino de fuera desta Villa e su tierra so las penas de las ordenanzas, e los que lo han metido no lo vendan, salvo que lo puedan bever". La razón era muy simple , "por los de fuera se mete mucho vino, estando abastada la Villa ".

Los vecinos madrileños que tenían viña y cosecha propia, ademas de poder venderlo direcamente a otros paisanos, podían venderlo al por mayor a los regatones, que eran los que luego lo distribuían al por menor. Las tabernas abrían los domingos por las mañanas y a la Misa Mayor "no iba ni el gato", lo que obligó al Concejo a ser severísimo con los pocos piadosos madrileños: "Acordose porque se halla que los e fiestas van muchos vagamundos e otras personas a las tavernas de mañana a bever e comer, que por Nuestro Señor es deservido en ello, que aquí adelante ningún tavernero no de lugar nin consienta que coman ni bevan en su taberna hasta que sean salidos de Misa Mayor, so pena que caya en pena el tavernero de seiscientos maravedís por cada vez".

Hay muchas más tabernas del viejo Madrid, donde tanta cultura, se reunió hablando alrededor de un chato de vino.

NUESTROS CINES DE BARRIO. (Madrid, Tetuán de las Victorias)

Tetuán ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años. Uno de esos cambios pasa por la desaparición de la mayor parte de sus salas de cines. Un fenómeno que se extiende a todo Madrid. Recordamos cómo eran antes nuestros cines y qué veían los espectadores tetuaneros de la mano de algunos de nuestros vecinos.

Diseño de foto: Ana C Callejo

Los cines de Madrid están desapareciendo. Y más aún los de barrio, las salas pequeñas. Parece que hoy en día el público prefiere acercarse a las grandes salas de los centros comerciales o, simplemente, descargar la película y verla en casa. Hacia los años 70, Tetuán contaba con alrededor de quince cines. Tras el cierre del último de ellos, el Lido 3D (Bravo Murillo, 200), los cines han terminado por desaparecer de nuestro barrio. Sólo tenemos cerca el Renoir Cuatro Caminos (Raimundo Fernández Villaverde, 10), perteneciente al distrito de Chamberí.

Pero hubo una época en la que acudir al cine era prácticamente el único divertimento que había – y que podían permitirse – los vecinos de Tetuán. Ese, y pasear por Bravo Murillo con la bolsa de pipas. Precisamente Bravo Murillo era la calle donde se encontraban casi todos los cines, como el Chamartín, el Versalles, el Murillo, el Tetuán, el Carolina, el Lido, el Recreo Modernista, el Europa, el Montija-Condado o el Cristal. En las calles de alrededor también se encontraban el Savoy (C/ Marqués de viana), el Arizona (C/ Naranjo), el Bellas Vistas (C/ Francos Rodríguez), el Sorrento (C/ Jerónima Llorente), el Metropolitano (C/ Reina Victoria) o el Salón Luminoso-Astur Cinema (C/ Raimundo Fernández Villaverde).

Todos estos cines contaban entonces con una única sala en la que se proyectaban dos películas en sesión continua. “Pero no eran películas de estreno, ni mucho menos. Esas estaban reservadas a los grandes cines del centro de Madrid”, nos cuenta Tino, un vecino de Tetuán. Los tetuaneros se acercaban al cine para ver películas clásicas, desde las de Charles Chaplin a las de El gordo y el flaco. Tampoco solía faltar en la cartelera el cine de vaqueros, varias versiones de Tarzán o películas de Fu Manchú.

Cine Tetuán. Estaba situado en Bravo Murillo 238. Fue inaugurado en en 1931 y cerró en 1987. Foto: Blog de Urbancidades

La sesión continua costaba aproximadamente 1,25 pesetas. “Ya que habíamos pagado, nos quedábamos en el cine toda la tarde viendo las mismas dos películas una y otra vez. Tampoco había mucho más que hacer”, recuerda Almudena. Veían las películas y también el NO-DO, que se proyectaba entre cada una de ellas. La cartelera aparecía como hoy en los periódicos. Sin embargo, solían realizarse muchos cambios de última hora, por lo que el boca a boca acababa por convertirse en el mejor aliado de las salas. Desde las parroquias y los colegios también se anunciaban los próximos pases.

El cine Versalles era la excepción. En él se proyectaba una única película. Normalmente, una que se hubiera estrenado hacía poco en las salas del centro. Por ello, era un poco más caro que los demás. Estos “semi-estrenos” cobrarían especial protagonismo durante los años de la Transición con las primeras películas del destape protagonizadas por Andrés Pajares o Fernando Esteso.

A modo de anécdota, señalar que el cine Montija-Condado (Bravo Murillo, 121) –  que cambiaría su nombre en varias ocasiones por el de Teatro Maravillas, Las delicias o Metropolitan Cine – no estaba muy bien visto por los vecinos, ya que se decía que a él acudían prostitutas y chaperos con sus respectivos clientes. “A mí mis padres me hacían enseñarles la entrada de cine cuando llegaba a casa para demostrar que no había entrado en ese cine”, nos cuenta Rosa con una sonrisa en la cara. En esta y otras salas, los acomodadores – a los que era costumbre entregar propina, tradición ya casi perdida – pasaban con un spray durante la película para eliminar los malos olores y desinfectar, “nos rociaban pero bien”, sostienen los vecinos.

Cines antiguos de Tetuán

Antiguo Cine Europa, hoy Saneamientos Pereda. Foto: Blog de historias matritenses

Blog de Historias Matritenses

A día de hoy estos cines se han convertido en bloques de viviendas, salones de juego, supermercados, colegios o clubs de alterne. Por ejemplo, el cine Versalles es hoy el Bingo Versalles, y el cine Carolina se ha convertido en el C&A de Bravo Murillo. El cine Murillo es hoy un edificio abandonado, pero antes de eso fue el salón de bodas “Le Petit Paris” y también un supermercado Caprabo. El Recreo Modernista es hoy en día el Colegio Jaime Vera, al que nos acercamos en nuestro reportaje sobre los recortes en educación. Asimismo, el cine Savoy se ha convertido hoy en el Club de alterne Vive Madrid, en cuya parte trasera se encuentra la casa de Anwar, el vecino cuyo desahucio frenó Democracia Real Ya, y con el que también hemos hablado en Aquí Tetuán.

Y mientras los cines desaparecen, los espectadores esperan impacientes en una fila a lo largo de Bravo Murillo o de Raimundo Fernández Villaverde para entrar al Lido 3D o al Renoir Cuatro Caminos cada fin de semana. Si no llegas a tiempo, es muy probable que te quedes sin entrada y que ya no tengas tiempo de ir a un cine de otro distrito. ¿La solución? Reservar la entrada previamente por Internet. Pero lo cierto es que la mayor parte del público de estos cines es gente mayor que se queja en las colas de que ellos no saben utilizar un ordenador.

Antiguos cines de Tetuán

Antiguo cine Versalles. Foto: El blog de Tetuán – Madrid

Para muchos, el cierre de los cines en Madrid ha tenido que ver con la disminución de público que acudía a las salas a cambio de ver o descargar las películas por Internet.  Movimientos como el del blog Salvemos los cinesdenuncian la piratería y la especulación inmobiliaria como las principales causas del cierre de los cines históricos de barrio, que reivindican como espacios culturales: “queremos poder ir andando al cine, y no tener que coger el coche para acudir a las multi-salas de las afueras”. Desde Aquí Tetuán, también pedimos más cines para nuestro distrito.


Desde Valdeacederas, hasta Cuatro Caminos, nuestra generación iba al cine todos los días, empezábamos por el Chamartin, y acabábamos en el Cine EUROPA en Cuatro Caminos, en estas viejas salas de sesión continua, donde las tardes de invierno nos refugiábamos de la lluvia, veíamos las dos películas que echaban dos veces y sacábamos provecho al dinero que invertíamos en el cine, allí empezábamos a descubrir, los secretos de la vida y ha empezar a conocer la cultura cinematográfica de todos los géneros, fue una época feliz de nuestra vida, que ya no volverá, pero que con la nostalgia del recuerdo nos llena de gozo recordar, esas viejas salas donde empezamos a construir nuestros sueños.

lunes, 7 de diciembre de 2015

EL CRIMEN DE LA CALLE " LAS BEATAS"


Es verano en el Madrid de 1776. Un vecino del centro de la capital, un
guarda para más señas, decide dar un paseo con su esposa e hija después de la cena. Pero algo trastoca la tranquilidad de la familia. La noche estival resulta muy agradable, hasta que se detienen en la popular calle las Beatas. A lo lejos contemplan un bulto informe. Se acercan. Un hombre está tendido en el suelo, cubierto de sangre. Muerto.
Al rato, los médicos trasladados al lugar dictaminaron que el individuo había fallecido tras una certera puñalada en el mismo corazón. Algunos vecinos identificaron al cadáver. El hombre vivía en la zona. Se llamaba Diego y era un humilde hortelano, para nada escandaloso, casado, con dos hijos muy pequeños, y con fama, aparentemente bien merecida, de absoluta honradez.
No parecía que la muerte se debiera a un ajuste de cuentas o a enfrentamientos del “hampa” capitalina. Las investigaciones comenzaron entre los vecinos. Pero poco sabían. Así que el alcalde mayor, responsable de la investigación, decidió seguir la única evidencia existente: el reguero de sangre que partía del cadáver. La sangre trasladó a los investigadores hasta una de las iglesias más importantes del Madrid de la época, la Parroquial de San Sebastián. No era extraño. Por aquel entonces era habitual que los criminales se acogieran a la protección eclesiástica, y escondieran sus asesinatos en la intimidad de una iglesia. El alcalde mayor logró acceder a la Iglesia, y después de muchas cuitas por parte de sus inquilinos, descubrió con la ayuda de testigos de dentro quién había entrado, raudo y ensangrentado a la parroquia. Sorprendentemente, se trataba de un sacerdote. Y estaba escondido en el coro de la iglesia. Sin apenas resistencia fue detenido y encerrado en la cárcel real. 
 La opinión de la viuda era que el cura detenido había sido el asesino, pues se la tenía jurada a su esposo desde hacía unos cuantos días
Al día siguiente de la detención, todo se aclaró. La viuda del asesinado, embarazada, superó el estado de ansiedad que la muerte de su marido le había provocado y pudo dar testimonio de lo que sabía. Su opinión era que el cura detenido había sido el asesino, pues se la tenía jurada a su esposo desde hacía unos cuantos días. Ocurrió que el sacerdote tenía una amante, de nombre Manuela, vecina del desdichado matrimonio. Y cierta noche, apenas dos semanas antes del luctuoso suceso, generando la pareja un bullicio extremo con gritos y serenatas, el finado los reprendió con unas palabras que hirieron hondamente al sacerdote, que juró venganza: “¡Qué buen cura! ¡Y mañana irá a celebrar!”, gritó el fallecido. Y el cura se guardó para sí estas palabras… Y las vengó a cuchilladas.
Fue la primera vez que la justicia civil actuó antes que la eclesiástica… y lo condenó a muerte. Aquello despertó un gran escándalo en la capital, ya que, hasta entonces, en los muchos casos semejantes a este, para salvar el buen nombre de la todopoderosa Iglesia, se había decidido ocultar los crímenes, esconder al culpable y esperar un tiempo hasta que fuese olvidado. Sin embargo, grande era el poder eclesiástico, y enorme su influencia. Finalmente el rey Carlos III decidió intervenir y el clérigo homicida no sería condenado a morir. Con la Iglesia habían topado.
(Historia de la Iberia Vieja)

domingo, 6 de diciembre de 2015

ASESINATO DEL GENERAL PRIM EN LA CALLE DEL TURCO (Madrid)



Hoy es el aniversario del nacimiento del General Juan PRIM y Prats, nacido en Reus (Cataluña) asesinado en Madrid  en la calle del Turco.

ATENTADO Y MUERTE

El general Prim murió el 30 de diciembre de 1870 a causa de las heridas infectadas que le causó un atentado que sufrió tres días antes. En 2012 la Comisión Prim de Investigación, formada por expertos de la Universidad Camilo José Cela, estudió el cuerpo embalsamado y dictaminó que los surcos y marcas en el cuello de la víctima eran "compatibles" con un posible estrangulamiento a lazo.[29] Posteriormente, esta universidad se desvinculó del proyecto, por su carácter conflictivo, ya que se firmó un acuerdo de confidencialidad con las fotos del cuerpo que terminaron saliendo a la luz. Una segunda autopsia de la momia de Prim —llevada a cabo por la Universidad Complutense de Madrid— dictaminó en diciembre de 2013 que los surcos del cuello —que aparecen igualmente en los gemelos— fueron causados por la presión de las ropas, descartando el estrangulamiento.[30] [31] No obstante, dicho estudio fue criticado por el periodista Francisco Pérez Abellán por su falta de rigor y de pruebas documentales que defendieran dicha tesis, contraria a la de la Universidad Camilo José Cela

Salida del Parlamento


Prim, presidente del gobierno, en 1869.
El 27 de diciembre de 1870 todo estaba preparado en España para la inminente llegada de Amadeo I. En el Parlamento, el general Juan Prim y Prats, de 56 años, presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, capitán general de los Ejércitos, marqués de los Castillejos y conde de Reus, acababa de conseguir la aprobación de las últimas propuestas relacionadas con la Casa Real. Tan sólo le quedaba por hacer en el palacio de las Cortes, y tenía que preparar el viaje a Cartagena, al día siguiente, para recibir al monarca.
Eran alrededor de las 19:30 y caía una espesa nevada. El general se despidió con cortesía de diputados y ministros, cruzó unas tensas palabras con el líder de los republicanos y se dirigió a su coche, una berlina verde de cuatro ruedas tirada por dos caballos que le aguardaba en la puerta del Congreso, con los cristales cerrados para proteger el interior del frío y la tormenta de nieve. El cochero puso en marcha el vehículo en cuanto subieron el general y sus acompañantes, el coronel Moya, que se sentó en la delantera, y su ayudante personal, Nandín, que se acomodó a su lado, en el asiento trasero.
La berlina emprendió la ruta habitual, por la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas), hacia el Ministerio de la Guerra (Palacio de Buenavista), donde estaba la residencia presidencial.

El atentado


Atentado contra la vida del general Juan Prim en la calle del Turco, la noche del 27 de diciembre de 1870.
Al llegar a la calle del Turco, el cochero observó que había dos carruajes de caballos atravesados en el angosto camino. Tuvo que detener la berlina en medio de la densa nevada. Un segundo después el coronel Moya se asomó a la portezuela para tratar de arreglar la situación y contempló con alarma cómo tres individuos vestidos con blusas, sin duda alertados de la llegada de Prim, se dirigían hacia el coche armados con lo que le parecieron carabinas o retacos, aunque uno de ellos llevaba con seguridad una pistola. No tuvo tiempo nada más que para decir: «Bájese usted, mi general, que nos hacen fuego».
Sus palabras quedaron interrumpidas por el ruido de las detonaciones, al menos tres por el lado izquierdo y otras dos por el derecho. Los cristales se quebraron y uno de los asesinos consiguió meter en el interior de la berlina el cañón del arma que portaba; tan cerca del general Prim que la cara de éste quedó tatuada por los granos de pólvora. Su ayudante, Nandín, en un movimiento desesperado, trató de protegerlo interponiendo su brazo. Las balas le destrozaron la mano, y quedaron esparcidos esquirlas y pedazos de carne abrasada.

Atentando contra Prim, en La Ilustración de Madrid.
La agresión duró solo unos segundos, apenas los mismos que el cochero tardó en reaccionar, golpeando con su látigo casi por igual a los agresores y a los caballos hasta romper el cerco y huir hacia la calle Alcalá.
Se dirigieron a toda prisa hacia el Ministerio de la Guerra. Al llegar a palacio los dos heridos descendieron de la berlina, ayudados por Moya y el cochero. El general subió por su propio pie la escalerilla del ministerio, apoyándose en la barandilla con la mano afectada y dejando en el suelo un reguero de sangre. Al encontrarse con su esposa forzó un gesto tranquilizador para decirle que sus heridas no revestían gravedad.
Cuando llegaron los médicos apreciaron rápidamente los destrozos en los dedos de la mano derecha, de tal envergadura que fue preciso amputar de inmediato la primera falange del anular, quedando en peligro de amputación el índice. Aunque lo más preocupante era el «trabucazo» que el general presentaba en el hombro izquierdo. Le había sepultado al menos ocho balas en la carne. Los cuidados médicos se prolongaron hasta la madrugada. A las dos de la mañana se le habían extraído siete balas.
Nandín, el ayudante, fue trasladado a la casa de socorro más cercana, donde se le diagnosticó que perdería el movimiento de la mano, que le quedaría seca e inservible, pero que quizá —le dijeron— no tendrían que amputársela. Entre tanto, las noticias difundidas mentían sobre la gravedad de las lesiones: se quería que fuesen tranquilizadoras, en un momento en que era preciso mantener la calma en el país. Aun cuando las heridas no eran demasiado graves, el hecho que se infectaran le provocó la muerte tres días después. El motivo de la infección fue la introducción en su pecho de retazos del abrigo de piel de oso que llevaba por el frío y que provocaron una sepsis También existe la versión de que murió al ser estrangulado  descartada posteriormente por nuevas investigaciones.

La autoría


Amadeo I frente al féretro del general Prim. Obra de Antonio Gisbert, 1870.
Algunos indicios señalan al duque de Montpensier y al regente general Francisco Serrano como instigadores y al republicano José Paúl y Angulo como ejecutor con otros nueve hombres. El estudio del abogado reusense Antonio Pedrol Rius aclaró en 1960 el misterio de su asesinato en cuanto a autores materiales (Paúl y Angulo y otros republicanos), pero que en cuanto a los instigadores nada podría demostrarse sin duda razonable, pues los indicios sobre Montpensier y Serrano se basaban en que los asesinos fueron reclutados por sus hombres de confianza. Gracias al promotor fiscal, Joaquín Vellando, así como a las declaraciones de Solís y Eustaquio Pérez, se localizan dos dictámenes: el primero, en el que se estima, el 9 de septiembre de 1871, «que aparecía en primer término la responsabilidad del Excmo. duque de Montpensier, contra quien debe dirigirse el procedimiento como principal autor del complot que tuvo por objeto el asesinato del Excmo. Sr. D. Juan Prim». En el segundo, el 12 de junio de 1872, solicita, además, «prisión del Excmo. Sr. duque de Montpensier» Si Prim aceptó dinero del Duque para preparar su pronunciamiento, que apoyara la coronación del duque de Aosta, hijo del rey de Italia, debió hacer que lo considerara como un traidor y es posible que él o su secretario, el muy católico e hispanista Antoine de Latour, haya sido uno de los instigadores del asesinato
En una obra reciente, el historiador Josep Fontana afirma que sigue siendo un misterio quiénes fueron los autores. Se culpó de inmediato al diputado republicano federal y rico comerciante de vinos de Jerez José Paúl y Angulo, porque esa misma tarde en la sesión de las Cortes tras un duro debate le había despedido diciendo «Mi general, a cada cerdo le llega su san Martín», y también porque se dijo que su voz la había oído Prim durante el atentado. Años más tarde Paúl y Angulo acusaría al general Serrano y al duque de Montpensier, hipótesis que no está descartada. En el caso del general Serrano porque el jefe de su escolta resultó implicado en el crimen y porque cuando presidió el primer gobierno de la Monarquía de Amadeo I al mes siguiente no puso mucho empeño en investigar el crimen –la viuda de Prim parece que creyó en su culpabilidad, especialmente cuando oyó las palabras del propio Prim que dijo: «No lo sé; pero no me matan los republicanos»–. En cuanto al duque de Montpensier, este culpaba a Prim de no haber conseguido la Corona y «ya había organizado algunos intentos anteriores de atentado contra él, que se frustraron por delaciones». También existe la posibilidad de que detrás del atentado estuvieran los hombres de negocios con intereses en Cuba, que temían los cambios que podía introducir Prim en la política colonial. De hecho en Cuba se daba por seguro que «el gatillo se apretó desde La Habana»

Sepultura, exhumación y autopsia


Entierro de Juan Prim, en La Ilustración de Madrid.
Sepultado en un primer momento en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, sus restos mortales fueron trasladados a su localidad natal, Reus, en 1971.
En el año 2012, se realizó una exhumación del cadáver de Juan Prim, que se encuentra momificado. Las conclusiones del análisis del cadáver han sido diversas y contrapuestas, apuntándose incluso a un estrangulamiento como causa de la muerte; otros estudios niegan esta posibilidad.

sábado, 5 de diciembre de 2015

PERSONAJES QUE DAN NOMBRE A SITIOS DE MADRID.

   Edificio situado entre Alonso Martínez y Checa.


Nuestras ciudades están plagadas de nombres de personajes célebres del pasado que acompañan ahora a la denominación de calles, barrios, plazas o estaciones de metro. Muchos de ellos nos son familiares por dichas ubicaciones actuales pero desconocemos a qué personaje histórico recuerdan.

Por ejemplo, en Madrid hay nombres muy reconocibles como Colón, Velázquez o Goya, pero otros no tanto… Aquí van cinco ejemplos de personajes históricos que dan nombre a lugares de Madrid.

Chueca

Hoy día se asocia Chueca con el colectivo LGTB, muy arraigado en este céntrico barrio madrileño, pero el nombre de la zona, y de la plaza homónima se le debe a Pío Estanislao Federico Chueca y Robres, célebre compositor de zarzuelas.

Nacido en el Madrid de 1846, es autor de obras como Gran Vía, Cádiz, El chaleco blanco, La alegría de la huerta o La Borracha. Chueca vivió en un edificio en la calle Alcalá 82, donde podemos ver un cartel que lo recuerda, y también hay un monumento dedicado a su figura en el El Retiro. Sus restos descansan en el cementerio de San Justo. Chueca ha conseguido más notoriedad urbanística que Francisco Asenjo Barbieri, a quien se le considera el padre de la zarzuela. Barbieri es una calle de Chueca que precisamente va a terminar en la popular plaza.

Alonso Martínez

Cerca de Chueca está la plaza Alonso Martínez y su correspondiente -y muy concurrida- estación de metro. No hacen referencia al escultor del barroco español del mismo nombre, sino a Manuel Alonso Martínez, jurista y político español del siglo XIX.

Además de ejercer como abogado, trabajó en la redacción de la Constitución de 1876 y del Código Civil español. Ostentó el cargo de ministro varias veces, siendo Ministro de Fomento, Hacienda, Gracia y Justicia, así como Presidente del Congreso de los Diputados. Estuvo afiliado al Partido Progresista, a la Unión Liberal y al Partido Liberal.

La Latina

El barrio de La Latina, así como la estación que recibe viajeros de las línea 5 de metro, deben su nombre a Beatriz Galindo. Bueno, más bien al apodo que sus coetáneos le pusieron. Ella es la primera mujer maestra de la que hay constancia en España, según registra Almudena de Arteaga en el libro Beatriz Galindo “La Latina” Maestra de Reinas, y el apodo le vino por su gran dominio del latín.

Galindo nació en Salamanca en 1465 y su reconocimiento le llegó cuando Isabel la Católica pidió que la llevasen a su corte para que fuese su maestra y posteriormente de sus hijos. Además de ejercer la enseñanza, La Latina fue consejera de la reina Isabel y escritora de poesía en latín.


Mural en la Plaza de la Puerta Cerrada, en el barrio de La Latina. 

Méndez Álvaro

La estación de autobuses sur de Madrid, a la que también llegan la línea 6 de metro y los trenes de Cercanías Renfe, debe su nombre a la calle Méndez Álvaro en la que se sitúa, y ésta a su vez hace referencia al médico Francisco Méndez Álvaro, quién fue brevemente alcalde de Madrid en 1843.

Tras terminar sus estudios de medicina, colaboró en varios periódicos, llegando a dirigir El Castellano y El Siglo Médico, y cofundando El león español. En política, ocupó el puesto de alcalde durante un mes escaso, pero ostentó otros títulos como diputado a Cortes Generales, presidente de la Junta Municipal de Beneficencia de Madrid y secretario del Consejo de Sanidad del Reino. Fue precisamente en el campo médico donde más destacó, preparando el proyecto de ley de Sanidad para tomar medidas contra la peste y el cólera, investigando sobre vacunación y siendo académico de la Real Academia Nacional de Medicina. Entre otros honores, recibió la Cruz de Epidemias.

Núñez de Balboa

De los cinco personajes que aparecen en este artículo, probablemente sea Vasco Núñez de Balboa el más célebre. Nacido en 1475, Núñez de Balboa fue un importante explorador y conquistador español que viajó a América en tiempos de su descubrimiento. Junto a su nombre brilla el honor de haber fundado la primera ciudad en Tierra Firme del continente americano, esto es, no en una isla, que fue Santa María la Antigua del Darién situada en lo que hoy es Panamá, aunque según otras crónicas ese título corresponde a la ciudad de Cumaná.

Además, Vasco Núñez de Balboa fue el primer europeo en divisar el océano Pacífico desde costa americana, descubriendo también el mar del sur en una de sus expediciones. Fue también en América donde Núñez de Balboa encontró la muerte, siendo decapitado acusado de intento de usurpación de poder. Este conquistador tiene igualmente calles con su nombre en varias ciudades de España como Salamanca, Jaén o Barcelona, así como un parque con su nombre en San Diego.

¿Los conocíais a todos?